El pueblo haitiano sobrevive ante la incompetencia de sus gobernantes y la comunidad internacional

El pueblo haitiano sobrevive ante la incompetencia de sus gobernantes y la comunidad internacional

Desde Psicólogos sin Fronteras  el reconocimiento un año más y van tres, al pueblo haitiano que resiste y reclama sus derechos frente al intento de los poderosos de arrebatarles la dignidad, aprovechándose de la desgracia de un terremoto.

La acción de la sociedad civil, en ocasiones organizada en ONG,s, no ha cesado desde el día del terremoto y es nuestro compromiso seguir denunciando y actuando contra la injusticia que sufre el pueblo haitiano, que no ha sido victima solamente de una catástrofe natural sino que es presa de los engaños del poder político y económico que sólo es capaz de crear pobreza.

Hay 358.000 desplazados, ¿eso cómo puede ser?
Es la pregunta que viene a la mente después de tanto tiempo y tanta “ayuda” como ha recibido el país. Cuando uno va a uno de estos campamentos duda de que haya alguien que desee vivir bajo una lona, hacinado, inseguro, sufriendo temperaturas de 40 grados bajo las carpas a mediodía y perdiendo todos sus enseres cuando llueve y el campamento se convierte en un barrizal. Sea como sea, lo cierto es que esta situación muestra la incompetencia de los dos gobiernos que ha tenido el país desde enero de 2010,  que no han sido capaces de solucionar el problema de las personas desplazadas, ni tampoco el de los supuestos “aprovechados” si es que los hubiera.

La incapacidad de reubicar en viviendas dignas a las personas todavía desplazadas tiene dos razones principales: por una parte el problema de la disponibilidad de terreno para construir, ya que este está en manos privadas que no desean deshacerse de él y el gobierno no desea enemistarse con los propietarios que forman la élite económica del país, ya que en Haití existe la expropiación de tierras si eso es necesario. Y por otra, no menos importante, los escasos recursos del Estado Haitiano.

Mejoras ficticias para problemas que no se solucionan
A lo largo de estos tres años, es cierto que Puerto Príncipe ha cambiado, se ven menos escombros, menos campos de desplazados, sobre todo si uno pasea por las zonas más visibles de la ciudad como Champ de Mars, donde está el Palacio presidencial, o por las plazas más céntricas de Petion Ville, la zona rica de la ciudad. En estas zonas los desplazados han sido de nuevo desplazados, algunos de ellos han recibido una cantidad de dinero para alquilar una vivienda, otros han sido literalmente enviados solo con lo puesto para que no afeen ciertas zonas y dejen de ser tan visibles. Eso ha hecho que en otros campamentos, como el situado en Delmas 33, el número de familias desplazadas haya aumentado. Tras el terremoto, Delmas 33 acogió a unas 25.000 familias, ahora han llegado unas 5.000 familias más, según fuentes del comité gestor del propio campamento, huyendo del “plan” del gobierno y de las alcaldías para “reubicar” a las personas desplazadas. Delmas 33 se ha convertido en el campo de desplazados más grande y además no está en ninguna de las zonas más visibles de la ciudad, quizá por eso todavía siguen allí.

¿Qué ha pasado con la ayuda humanitaria proveniente de las Naciones Unidas?
En Haití hay una fuerza de estabilización de Naciones Unidas, la famosa y malquerida por los haitianos MINUSTAH, ya presente antes del terremoto, que siendo una fuerza de ocupación del país ha querido lavar su cara y reconvertirse en ayuda humanitaria. Un contingente de esta misión establecido en Gonaives, al norte de la capital, fue quien introdujo el cólera en el país, una enfermedad mortal que ha llegado para quedarse y cobrarse victimas, con picos en la tasa de infección cada vez que hay lluvias. Teniendo en cuenta que Haití es un país tropical con una época de huracanes que va de junio a noviembre, no es difícil imaginar los estragos que está causando la enfermedad. Y todavía no ha sido juzgado ni ha dimitido ningún responsable.

¿Y la ayuda valenciana?
Los organismos públicos a todos los niveles, haitianos, europeos mundiales y más de cerca los valencianos que maximizaron a nivel mediático la catástrofe no han entregado las ayudas comprometidas con los haitianos, concretamente los 4 millones de euros otorgados por la Generalitat Valenciana siguen desaparecidos y nunca llegaron al país.

Ante el engaño al que se han visto sometidos, no sólo los haitianos sino todos los ciudadanos que confiaron y apoyaron a estas instituciones, a las organizaciones no gubernamentales humanitarias sólo nos queda alzar la voz y señalar a los responsables de la pobreza de miles de personas.

Lucha diaria por vivir
Desde el punto de vista de la seguridad, en Puerto Príncipe la inseguridad va al alza. Desde el punto de vista económico el paro también va en alza. Como consecuencia del programa de reconstrucción del país hay nuevos puestos de trabajo, pero son insuficientes para responder a las necesidades de trabajo de la población. De día en día el paro aumenta, especialmente entre las personas que viven en los campos de desplazados, donde el paro alcanza el 70 por cien de la población.

Por otra parte, el precio de los alimentos no cesa de aumentar. El deterioro de la seguridad alimentaria se debe a la destrucción de las cosechas por la sequía y a las dos últimas tormentas tropicales que azotaron el país en 2012. Respecto a la atención sanitaria, se pide una fortuna por la atención hospitalaria o una consulta médica, mientras que los empleados públicos de sanidad no cesan de hacer huelga por los impagos de salario. Se ha dejado a su merced a la población haitiana en cuanto a cuidados médicos se refiere.

Como también dice algún haitiano, en Haití uno tiene que luchar todos los días, no luchar contra los otros, compatriotas o extranjeros, sino luchar contra la propia vida, siempre tiene que haber un plan B porque nada es seguro y mucho menos fácil.

Es por eso que el espíritu del movimiento no gubernamental es más necesario que nunca, y eso se ha hecho patente en Haití. Han sido las organizaciones nacionales e internacionales quienes han dado y siguen dando respuesta a las necesidades de la población, de persona a persona, superando las fronteras que marcan los gobiernos

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